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La Importancia de la Rutina
¿A qué hace mención la palabra “rutina”?
La palabra rutina proviene del francés route, que significa camino. En su sentido más profundo, hace alusión al recorrido que realizamos una y otra vez, no sólo en nuestras acciones, sino también en nuestros pensamientos, emociones y reacciones corporales. La rutina es, por lo tanto, un camino repetido, un sendero que el cuerpo, la mente y el alma reconocen como propio.
Es el mapa invisible de nuestra cotidianidad. Aquello que nos da una estructura, un marco, una forma. La rutina es, paradójicamente, una repetición que nos permite sostener el cambio; una constancia que nos prepara para lo imprevisible.
¿Qué es una rutina?
Una rutina puede entenderse como un conjunto de acciones que repetimos de manera regular, consciente o inconscientemente. Pero más allá de la definición mecánica, la rutina es una expresión de cómo el cuerpo y la mente dialogan entre sí. Es la evidencia de que nuestro sistema biológico busca el equilibrio, la homeostasis, a través de patrones reconocibles.
En un sentido más simbólico, tener una rutina es pertenecer al ritmo del tiempo. Es aceptar que somos seres rítmicos, que respondemos al amanecer, al descanso, al hambre, al silencio, al sonido, al amor. Sin rutina, la vida sería un caos perpetuo; con demasiada rutina, la vida pierde su capacidad de sorprendernos. Por eso, el arte está en el balance.
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Estar apto para… sentirse apto para realizar una tarea
La aptitud no es sólo una capacidad técnica; es también una disposición emocional y corporal. Sentirse apto para algo implica reconocer en uno mismo la energía suficiente, la motivación, el deseo y la confianza para realizar una tarea.
Este “estado de sentirse apto” no se fabrica artificialmente. Surge de un cuerpo y una mente que han encontrado cierta armonía entre la intención y la acción. Una persona puede tener todas las habilidades, pero si no se siente apta —es decir, si no confía en su energía vital— no podrá manifestar su potencial.
Por eso, la rutina también es una forma de entrenamiento: una repetición que le enseña al cuerpo que puede. Que cada día, al repetir algo, se fortalece una conexión entre el deseo y la acción.
Cambiar una actitud: el cuerpo como memoria
El cuerpo se ha venido adiestrando por sí solo desde hace mucho tiempo. Es, literalmente, un archivo de hábitos. Cada gesto, cada respuesta, cada tensión muscular o pensamiento repetido forma parte de un sistema de memoria que se sostiene biológicamente.
Cambiar un acto o una actitud implica modificar patrones neuromusculares, hormonales, emocionales. Es decir: cambiar una rutina es cambiar un lenguaje interno. Por eso cuesta. No porque no queramos, sino porque estamos hechos de memoria.
Las biologías de nuestros cuerpos son campos de enorme profundidad: contienen no sólo nuestra historia personal, sino la historia de la especie. Cada rutina, incluso las más simples, se enraízan en un tejido ancestral que se activa automáticamente para protegernos o mantenernos en equilibrio.
La rutina como salud y enfermedad
A veces nos enfermamos y entramos en una rutina de medicación o de cuidados. Allí la rutina se vuelve un salvavidas: una estructura mínima que el cuerpo necesita para recuperar su ritmo natural.
Sin embargo, también existen rutinas que enferman: repeticiones que nos agotan, que nos desconectan de la espontaneidad y del sentido. Por eso es importante distinguir entre rutinas saludables —que sostienen la vitalidad— y rutinas automáticas —que nos mantienen en una inercia inconsciente.
Una rutina saludable puede ser tan simple como respirar profundamente cada mañana, caminar al sol, preparar un té, escribir unas líneas, o tener un momento de silencio. Lo esencial no es la acción en sí, sino la presencia que depositamos en ella.
Seguir un trato, mantener una rutina
Mantener una rutina implica asumir un compromiso con uno mismo. No es rigidez, sino fidelidad. Significa sostener un trato interior que nos recuerda quiénes somos y qué necesitamos.
En el fondo, las rutinas no son más que rituales cotidianos: gestos que reafirman nuestra identidad y nuestra pertenencia al mundo. Por eso la disciplina —cuando es amorosa— no limita, sino que libera.
La importancia del descanso
Dentro de toda rutina, el descanso es una parte esencial. No existe equilibrio sin reposo. El cuerpo necesita pausas para regenerarse, y la mente necesita el silencio para integrar lo aprendido.
El descanso es también una forma de rutina: una rutina invisible. Es el momento donde el cuerpo deja de hacer para poder ser. Por eso, incluir pausas en nuestra vida no es pereza, es sabiduría biológica.
Cambiar un hábito, cambiar una vida
El ejemplo de la alumna de inglés muestra con claridad cómo las rutinas impuestas desde afuera pueden generar resistencia, bloqueo o incluso síntomas físicos. La niña no quería aprender inglés, y su cuerpo —a través de la timidez y el nerviosismo— expresaba esa falta de afinidad.
Cuando se introdujo el tratamiento con flores de Bach, lo que cambió no fue el idioma, sino la energía emocional que la sostenía. El cuerpo respondió, la rutina interna cambió, y con ello cambió la actitud.
Esto demuestra que muchas veces no es la tarea lo que nos cuesta, sino la forma en que nuestra energía se relaciona con ella. Las rutinas, cuando se alinean con nuestro deseo, son fuentes de crecimiento. Pero cuando son impuestas, se convierten en jaulas.
Conclusión: La rutina como conciencia viva
La rutina no debe entenderse como repetición vacía, sino como forma de conciencia. A través de la rutina, cultivamos una relación constante con el tiempo, con el cuerpo y con el sentido de lo que hacemos.
Cambiar una rutina no es sólo modificar horarios; es transformar la manera en que existimos dentro del mundo. Por eso, una rutina saludable es aquella que nos mantiene despiertos, atentos, presentes.
Podemos decir que la rutina es la arquitectura invisible del alma cotidiana. Es el ritmo que nos sostiene, pero que también podemos rediseñar. La clave está en habitarla con intención, sin olvidar que toda estructura debe ser flexible, porque la vida —como el cuerpo— siempre está en movimiento.






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