Nota / 74
Escuchar al cuerpo: una urgencia natural Vivimos bajo normas impuestas que poco tienen que ver con la naturaleza humana. Desde pequeños se nos enseña a desconectarnos de nuestras señales internas: no se puede ir al baño cuando se necesita, no se puede llorar cuando duele, no se puede parar cuando el cuerpo dice basta. Se exige resistencia como si la vida fuera una competencia de aguante. Pero esta lógica de “aguantarse” no sólo es antinatural: es destructiva. El cuerpo habla. Constantemente. Avisa, susurra, grita. Y cuando no lo escuchamos, pasa factura. No con multas que se pagan con dinero, sino con enfermedades que cobran en vitalidad, en presencia, en alegría. Las mujeres, en especial, se ven forzadas a ingresar en sistemas que no contemplan la ciclicidad, la sensibilidad ni la sabiduría biológica. Se espera que funcionen de manera lineal, como si el cuerpo femenino no tuviera su propio ritmo. Y para lograr encajar en esta maquinaria —económica, productiva, socia...