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El hierro y su importancia desde la visión biológica y natural
Desde una perspectiva biológica integral y respetuosa con los ritmos naturales del cuerpo, entendemos que el hierro es un mineral esencial que participa activamente en la vitalidad y el equilibrio de nuestro organismo. Su función principal es facilitar el transporte del oxígeno, elemento vital, a través de la sangre, permitiendo que cada célula, tejido y órgano reciba el oxígeno necesario para funcionar correctamente y mantenerse en armonía.
La falta de hierro en el cuerpo puede desequilibrar profundamente nuestra energía vital, dando lugar a condiciones como la anemia, una afección que, especialmente en niños, puede afectar el crecimiento, la concentración y la inmunidad. Esta deficiencia se manifiesta muchas veces con síntomas como debilidad, palidez, fatiga y sensibilidad al frío.
El organismo emplea el hierro para formar dos proteínas fundamentales:
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La hemoglobina, presente en los glóbulos rojos, que transporta oxígeno desde los pulmones a todo el cuerpo.
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La mioglobina, que almacena oxígeno en los músculos, permitiéndoles funcionar con eficiencia.
Desde la herbolaria, podemos acompañar al cuerpo en su equilibrio natural a través de plantas ricas en hierro y cofactores que favorecen su absorción, como la ortiga, la cola de caballo o el diente de león, además de alimentos naturales como la remolacha, las espinacas o las semillas. En casos específicos, la homeopatía también puede ofrecer apoyo con remedios individualizados que estimulan la asimilación del hierro y fortalecen la constitución del paciente.
El abordaje holístico nos recuerda que no se trata solo de reponer un mineral, sino de apoyar a la persona en su totalidad —cuerpo, mente y energía vital— para restaurar el equilibrio y la salud desde la raíz.
Conociendo los tipos de hierro desde una mirada biológica y natural
En la medicina biológica y natural, comprendemos que cada elemento tiene su rol sagrado en el equilibrio del cuerpo. El hierro, mineral esencial para la vida, se manifiesta en dos formas principales que debemos conocer para acompañar con sabiduría los procesos de prevención y sanación.
Hierro hemo: la fuente de origen animal
El hierro hemo es la forma que el cuerpo absorbe con mayor facilidad. Se encuentra en alimentos de origen animal, especialmente en las carnes rojas, vísceras como el hígado, el corazón, el riñón y también en la sangre. Este tipo de hierro es fundamental para prevenir estados carenciales como la anemia ferropénica, que afecta principalmente a niños, mujeres embarazadas y personas con dietas insuficientes.
Desde la visión herbolaria, no se trata solo de consumir estos alimentos, sino de hacerlo con conciencia, preferiblemente en preparaciones naturales, sin aditivos, y equilibrados con alimentos que favorezcan la digestión y la asimilación del hierro.
Hierro no hemo: la sabiduría vegetal
El hierro no hemo se encuentra en las plantas, en alimentos como espinacas, acelgas, lentejas, garbanzos, quinoa y semillas. Aunque este tipo de hierro es más difícil de absorber, la naturaleza nos ofrece la clave: la vitamina C. Incorporar frutas cítricas como la naranja, el limón o el kiwi en las comidas mejora notablemente la absorción del hierro vegetal.
Por el contrario, bebidas como el té, el café o los refrescos, ricos en taninos y otras sustancias, pueden bloquear la absorción del hierro y deben evitarse junto a las comidas principales.
Desde la herbolaria, sugerimos acompañar estos alimentos con infusiones suaves como la ortiga verde, la alfalfa o el hinojo, que aportan minerales y apoyan la digestión sin interferir con la asimilación del hierro.
Apoyos naturales y complementos
En casos donde el hierro se encuentra muy bajo, podemos utilizar suplementos naturales y remedios homeopáticos individualizados que estimulen la absorción y el equilibrio. El uso de multimicronutrientes o jarabes naturales ricos en sulfato ferroso puede ser adecuado en momentos específicos, siempre bajo orientación profesional.
Además, ciertos preparados herbolarios —como los tónicos de ortiga, diente de león o melaza de caña— han demostrado ser eficaces para fortalecer la sangre y recuperar la vitalidad.
Etapas de vulnerabilidad y necesidad especial
Durante la edad fértil, la menstruación conlleva una pérdida mensual de sangre que puede disminuir las reservas de hierro. Es crucial mantener una alimentación rica en hierro y plantas depurativas y remineralizantes. Durante el embarazo, la necesidad se multiplica: el hierro es vital tanto para la madre como para el desarrollo neurológico del bebé, especialmente en el tercer trimestre. Un déficit puede comprometer el desarrollo cerebral del feto y dejar a la madre en un estado de gran debilidad postparto.
En la etapa del puerperio, el cuerpo de la madre atraviesa un proceso de restauración profunda. Aquí, las infusiones ricas en hierro, las sopas de huesos con hierbas medicinales y los tónicos naturales son grandes aliados.
Finalmente, en los adultos mayores, especialmente quienes viven solos, una dieta pobre o una menor capacidad de absorción digestiva pueden provocar deficiencias. Aquí, el acompañamiento debe ser respetuoso y constante, con alimentos de fácil digestión y preparados naturales que fortalezcan la sangre y el sistema digestivo.
¿Cómo saber si nuestros niveles de hierro están bajos? Una mirada natural y consciente
Desde la visión de la medicina biológica y natural, el cuerpo humano nos habla constantemente. El cansancio crónico, la palidez, la debilidad muscular o la dificultad para concentrarse pueden ser señales que indican un desequilibrio interno, muchas veces relacionado con bajos niveles de hierro en la sangre.
Sin embargo, para tener certeza y acompañar adecuadamente al organismo, es importante recurrir al conocimiento médico y a las herramientas diagnósticas convencionales. Un análisis de sangre sencillo puede revelar los niveles de hemoglobina, una proteína esencial que transporta el oxígeno, y que nos ayuda a saber si hay riesgo de anemia o si esta ya se ha manifestado.
Es fundamental comprender que el origen de la anemia no siempre es exclusivamente por falta de hierro. También puede deberse a la carencia de otros nutrientes clave, como el ácido fólico, la vitamina B12, las proteínas e incluso la vitamina A, todos ellos necesarios para la formación adecuada de glóbulos rojos y el buen funcionamiento del sistema inmunológico.
Desde la herbolaria, sabemos que plantas como la ortiga, el trébol rojo o el alfalfa no solo aportan hierro, sino que también ayudan a equilibrar el sistema sanguíneo y a estimular la producción de sangre de forma suave y natural. Por otro lado, desde la homeopatía, contamos con remedios como Ferrum phosphoricum o China officinalis, que pueden ayudar a fortalecer el organismo en casos de debilidad, pérdida de sangre o recuperación tras enfermedades.
No debemos olvidar que algunas anemias no tienen un origen nutricional, sino que pueden ser causadas por factores genéticos, hereditarios o enfermedades crónicas. Por eso, es esencial una evaluación integral, donde lo convencional y lo natural puedan convivir en armonía para cuidar al ser humano en su totalidad.
La importancia de la nutrición en el equilibrio del hierro y la sangre
Desde la medicina biológica y natural, comprendemos que la prevención es el tratamiento más poderoso. La naturaleza nos ofrece, en sus alimentos y plantas, todo lo necesario para mantener nuestra sangre nutrida, oxigenada y llena de vitalidad. Por eso, una alimentación adecuada, rica en hierro y otros minerales esenciales, es el primer paso para sostener una buena salud y prevenir la anemia ferropénica.
Una dieta rica y consciente, que incluya no solo hierro sino también vitamina C, ácido fólico, vitamina B12 y otros cofactores naturales, permite al organismo fabricar glóbulos rojos sanos y mantener un flujo sanguíneo en equilibrio. Plantas como la ortiga, el diente de león, la remolacha y los brotes verdes, junto con alimentos frescos y sin procesar, son aliados invaluables en este proceso.
Asesoramiento profesional con mirada integradora
Consultar a un médico o terapeuta con visión holística permite adaptar la alimentación a las necesidades personales de cada etapa de la vida. También el acompañamiento de un farmacéutico consciente puede ser útil a la hora de elegir complementos naturales o suplementos minerales, si el cuerpo así lo requiere.
Además, la combinación de una buena alimentación con actividad física moderada, aire libre, descanso y gestión emocional es esencial para favorecer una correcta absorción de nutrientes y una sangre más viva y fuerte.
Absorción del hierro: lo que potencia y lo que bloquea
El cuerpo humano tiene la capacidad de absorber cerca del 25% del hierro de origen animal, presente en carnes, aves y pescados. En cambio, el hierro no hemo, proveniente de alimentos vegetales como legumbres, cereales y verduras, se absorbe en menor proporción. Sin embargo, la naturaleza tiene su propia inteligencia: si combinamos estos alimentos con frutas ricas en vitamina C (como cítricos, kiwis, guayaba o tomate), facilitamos notablemente esa absorción.
Por otro lado, debemos tener en cuenta que ciertas infusiones como el té negro, el café y algunos refrescos industriales contienen sustancias que bloquean la absorción del hierro, por lo que es preferible evitarlos en las comidas principales si se busca fortalecer la sangre.
¿Cuánto hierro necesitamos? Una mirada adaptada a cada ser
Las necesidades diarias de hierro varían según la edad, el sexo, la etapa de la vida y el tipo de alimentación que llevamos. Quienes siguen una dieta mayoritariamente vegetal —como vegetarianos o veganos— requieren mayores cantidades de hierro, ya que el hierro vegetal se asimila con menor eficacia que el de origen animal.
A modo general, se recomienda:
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Niños: 7 a 10 mg por día, dependiendo de la edad.
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Mujeres en edad fértil: 15 a 18 mg por día.
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Hombres adultos: 8 a 10 mg por día.
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Mujeres embarazadas o lactantes: entre 27 y 30 mg por día, según indicación médica.
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Adultos mayores: necesidades variables, aunque muchas veces aumentadas por una menor capacidad de absorción.
Quienes siguen una dieta basada exclusivamente en vegetales deberían casi duplicar estas cantidades para compensar la menor biodisponibilidad del hierro no hemo.
Etapa de la vida Cantidad recomendada
Lactantes hasta 6 meses 0,27 mg
Lactantes de 7 a 12 meses 11 mg
Niños de 1 a 3 años 7 mg
Niños de 4 a 8 años 10 mg
Niños de 9 a 13 años 8 mg
Adolescentes (chicos) de 14 a 18 años 11 mg
Adolescentes (chicas) de 14 a 18 años 15 mg
Hombres adultos de 19 a 50 años 8 mg
Mujeres adultas de 19 a 50 años 18 mg
Adultos a partir de 51 años 8 mg
Adolescentes embarazadas 27 mg
Mujeres embarazadas 27 mg
Adolescentes en periodo de lactancia 10 mg
Mujeres lactantes 9 mg






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