Nota / 7

 Polaridad




Armonía entre cuerpo, mente y energía

Esta práctica integral promueve la autorregulación del organismo mediante el restablecimiento del equilibrio físico, emocional y energético.

A través de técnicas manuales suaves y precisas, se libera la movilidad de los tejidos —como músculos, articulaciones, fascias y órganos— favoreciendo una mejor circulación, aliviando el dolor y restaurando la funcionalidad corporal.

Al mismo tiempo, se trabaja sobre el campo energético del cuerpo, liberando bloqueos que pueden tener origen emocional o psicosomático. El enfoque es holístico: se contempla al ser humano como una unidad en la que cuerpo, mente y energía interactúan constantemente.

El objetivo es estimular la capacidad innata del cuerpo para sanar, promoviendo un estado de bienestar profundo y duradero.




El eje eléctrico sagital





Restaurar el equilibrio: el cuerpo como sistema bioeléctrico y autorregulado

El cuerpo humano no solo funciona mediante impulsos nerviosos y reacciones bioquímicas. Existe un sistema más sutil y primitivo de comunicación interna, basado en corrientes eléctricas de baja intensidad, que fluye a través de las células perineurales. Este sistema, descrito por investigadores como Robert Becker, actúa como una red de control analógica que influye directamente en la actividad celular y en la regulación de los procesos vitales.

Desde este enfoque, se entiende que el cuerpo posee un campo eléctrico propio que puede alterarse por bloqueos físicos, emocionales o energéticos. Cuando el flujo natural de esta corriente se ve interrumpido, pueden surgir disfunciones, tensiones o síntomas.

A través de técnicas manuales específicas y una lectura energética del cuerpo, es posible liberar esos bloqueos, restaurar la movilidad de los tejidos y armonizar el campo electromagnético del organismo. Esto activa los mecanismos innatos de autorregulación, favorece la circulación, alivia el dolor y restablece la conexión mente-cuerpo.

Este trabajo integral no busca solo aliviar síntomas, sino despertar la capacidad profunda del cuerpo para reorganizarse, sanarse y recuperar su estado natural de equilibrio y conciencia.






Circuitos naturales de autorregulación: energía vital y equilibrio corporal

Desde comienzos del siglo XX, investigadores como Leon Ernest Eeman exploraron cómo la energía circula a través del cuerpo humano y cómo su correcta distribución puede favorecer la recuperación, incluso en situaciones de daño físico severo. A través de lo que él llamó "biocircuitos" —dispositivos simples construidos con materiales conductores que conectaban puntos específicos del cuerpo—, Eeman observó efectos notables en la restauración del bienestar físico, energético y mental. Su trabajo clínico sostenido durante más de tres décadas sentó bases para comprender el cuerpo como un sistema bioeléctrico autorregulado.

Desde esta perspectiva, se reconoce que el ser humano no es solo una estructura física, sino también un campo de energía en movimiento. El equilibrio entre ambos aspectos es esencial para la salud.

Las prácticas manuales orientadas al restablecimiento de la movilidad tisular y la armonización del flujo energético permiten liberar tensiones profundas, desbloquear circuitos naturales del cuerpo y activar procesos de regeneración. Este enfoque integral combina el conocimiento de la anatomía y la fisiología con la comprensión de la energía vital como principio organizador del cuerpo.

Así, se facilita una comunicación más fluida entre los diferentes sistemas del organismo —nervioso, fascial, circulatorio y energético—, estimulando la capacidad innata de curación y llevando al cuerpo a un estado de mayor coherencia, vitalidad y presencia.








Polaridad, energía y cuerpo: una visión integradora de la autorregulación

El cuerpo humano está diseñado como un sistema vivo polarizado. Investigadores como Leon Ernest Eeman demostraron que existe una polaridad energética natural que va de la cabeza a los pies y de izquierda a derecha, generando un circuito energético permanente que sostiene la vida. Según Eeman, esta energía se mueve de negativo a positivo, siguiendo un flujo estable y direccional, especialmente perceptible de la mano izquierda a la derecha.

Este principio de polaridad energética no es solo una curiosidad teórica: tiene profundas implicancias en el funcionamiento físico, mental y emocional del ser humano. Cuando ese flujo natural se ve alterado por tensión, trauma o estrés, puede haber pérdida de vitalidad, bloqueo o enfermedad.

A través de técnicas manuales suaves y precisas, es posible restablecer la movilidad de los tejidos y desbloquear los canales por donde circula esta energía. Al mismo tiempo, el cuerpo es leído y abordado como un campo de información, donde la energía vital actúa como fuerza organizadora y restauradora. Este trabajo integral promueve la coherencia entre estructura, función y energía, permitiendo que el organismo recupere su capacidad innata de autorregulación y sanación.

El restablecimiento de la polaridad y del flujo energético correcto no solo alivia síntomas físicos, sino que despierta una mayor claridad mental, presencia y equilibrio emocional. El cuerpo vuelve a sintonizarse con su inteligencia profunda, entrando en un estado de armonía natural.










Energía e información: un ciclo vivo de autorregulación

En los sistemas vivos, no solo fluye energía: también fluye información. Según el investigador Raymond Lindeman, tan importante como el movimiento de la energía en un ciclo biológico es el flujo de información, que tiene la capacidad de moverse en ambas direcciones, incluso contracorriente. Esta información es la que guía, organiza y adapta los procesos vitales, permitiendo al cuerpo responder dinámicamente a su entorno interno y externo.

Desde esta comprensión, el cuerpo humano se ve como un sistema abierto, autorregulado, donde la estructura física, la energía vital y la información biológica están en diálogo constante. Toda restricción en el movimiento —ya sea en los tejidos, en el flujo eléctrico o en la expresión emocional— interfiere no solo con la circulación energética, sino también con la calidad de la información que el cuerpo puede procesar y transmitir.

A través del trabajo manual consciente y el acompañamiento energético profundo, se liberan los bloqueos que distorsionan esa información, permitiendo que los tejidos “recuerden” su forma natural de funcionar. El toque preciso, la escucha corporal y el respeto por los ritmos del organismo activan circuitos de reorganización que permiten restaurar tanto la energía como la información que circula por el cuerpo.

Este abordaje integral favorece un equilibrio real, donde el cuerpo no solo se alivia, sino que reaprende a comunicarse consigo mismo, regenerando su vitalidad desde dentro, en coherencia con su naturaleza más profunda.





Biocircuito y armonización energética: el cuerpo como sistema autosuficiente

Un biocircuito es una disposición corporal diseñada para favorecer el flujo natural de energía a través del organismo, reduciendo la resistencia interna que impide su circulación libre. Estos circuitos no introducen energía externa; simplemente facilitan que el cuerpo se reorganice y se armonice desde su propia inteligencia vital.

El Circuito Básico de Relajación de Eeman es uno de los más sencillos y efectivos. Se realiza colocando la mano izquierda en la zona suboccipital (base del cráneo) y la mano derecha en la región sacra, con los pies cruzados. Esta postura, cuando se acompaña con materiales conductores como el cobre, crea un circuito cerrado que permite que la energía fluya siguiendo su polaridad natural: de negativo a positivo, de izquierda a derecha, de cabeza a pies.

Este tipo de práctica no fuerza al cuerpo, sino que le ofrece las condiciones óptimas para entrar en un estado profundo de relajación, equilibrio y autorregulación. Es una forma de "sintonizar" el sistema energético con su diseño original, permitiendo que se disuelvan tensiones físicas, emocionales y mentales.

Desde la visión integradora que une el enfoque manual y energético, estos circuitos son herramientas valiosas para restaurar la coherencia del sistema cuerpo-mente. Actúan como puentes entre la estructura física y el campo energético, ayudando a que ambos niveles trabajen en unidad.






Biocircuitos: flujo, regulación y conciencia energética del cuerpo

Desde una visión integradora del cuerpo humano, la salud se entiende como un estado de equilibrio dinámico entre la estructura física, la energía vital y la información biológica. Los biocircuitos, desarrollados por investigadores como Leon Ernest Eeman y Lindeman, son herramientas que permiten restablecer ese equilibrio mediante la disposición específica del cuerpo y el uso de materiales conductores.

Eeman descubrió que, al crear un circuito de relajación básico —colocando la mano izquierda en la base del cráneo, la mano derecha sobre el sacro y cruzando los pies—, se favorece el flujo natural de la energía corporal, siguiendo su polaridad inherente: de negativo a positivo, de izquierda a derecha, y de cráneo a caudal. Este circuito no introduce energía externa, sino que reduce la resistencia interna del cuerpo, permitiendo que la energía fluya libremente y se reorganice por sí misma.

Posteriormente, Eeman diseñó un circuito de relajación óptimo, que amplía este flujo al integrar una conexión cráneo-caudal directa, potenciando el efecto de reorganización y equilibrio en todo el eje corporal. Ambos circuitos utilizan materiales como el cobre, aunque Eeman observó que, cuando la resistencia interna del cuerpo cae por debajo de la del material conductor, el circuito se interrumpe y cesa su acción de forma natural.

Lindeman, por su parte, introdujo el concepto del Circuito Balanceado Universal, que incluye tres conexiones simultáneas:

  1. Una conexión cráneo-caudal (de la cabeza a los pies),

  2. Una conexión entre la mano izquierda y el pie derecho,

  3. Una conexión entre la mano derecha y el pie izquierdo.

Lindeman también sugirió el uso de seda como material conductor, observando que genera un flujo energético más estable y prolongado, facilitando subidas y bajadas sucesivas de energía en lugar de una liberación única o abrupta.

Estas configuraciones actúan como puentes bioenergéticos entre distintos polos del cuerpo, liberando energía acumulada en forma de ondas, restaurando la coherencia del sistema nervioso y energético, y activando procesos de autorregulación. En combinación con enfoques manuales, somáticos o de osteopatía energética, los biocircuitos representan una vía poderosa para acceder a la inteligencia autocurativa del cuerpo sin intervención invasiva.



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